lunes, 13 de julio de 2026

REQUENA Y SUS BONOS SOBERANOS POR MÁS DE S/ 150 MILLONES

 

La política en la Amazonía nos ha acostumbrado históricamente al lamento, a la retórica del olvido y a los alcaldes que estiran la mano esperando que el centralismo limeño decida, por caridad, acordarse de nosotros. Nos han vendido el cuento de que "no hay presupuesto". Pero esta semana, un sacudón financiero proveniente de la provincia de Requena ha derribado ese viejo mito de la incapacidad fiscal, demostrando que cuando hay audacia técnica, capacidad de gestión y voluntad política, el dinero sí existe.

El Gobierno Central, mediante el Decreto Supremo N.° 019-2026-EF, ha aprobado una operación de endeudamiento interno vía Bonos Soberanos por un monto histórico de S/ 151,696,721.32 soles a favor de la Municipalidad Provincial de Requena. Sí, leyó bien: más de 151 millones de soles para una provincia que, bajo el esquema presupuestal tradicional, jamás habría podido soñar con tales cifras. Esto no es un regalo; es alta ingeniería financiera.

Mientras la mayoría de alcaldes de Loreto culpan a la caída del canon petrolero por su inacción, en Requena entendieron cómo funciona el mercado de capitales moderno. Utilizaron el respaldo crediticio del Estado peruano para captar liquidez inmediata a tasas de interés bajísimas, bajo un esquema de 10 años de amortización y 2 años de gracia. La deuda se pagará de manera inteligente y predecible mediante retenciones automáticas de sus recursos determinados, dándole tiempo a la provincia de reactivar su economía local antes de soltar el primer sol de retorno.

¿Para qué se endeuda Requena? Para cambiarle el rostro a su pueblo con seis megaproyectos con candado presupuestal: la reconstrucción total de la I.E. Padre Nicolás Giner (CUI 2650827) por más de 41 millones de soles; la modernización de la I.E. 60789 Sargento II Fernando Lores (CUI 2647854) por 17.8 millones; la renovación de la I.E. N.° 716 por más de 10 millones; además de agresivos proyectos de movilidad urbana (pistas y veredas) en los sectores de Requena I (Zonas A y B y la ampliación integral de su sistema de agua potable y saneamiento. Eso es cerrar brechas estructurales.

El contraste con nuestra realidad en la provincia de Maynas es doloroso. El presupuesto anual de Maynas para este año 2026 supera los 180 millones de soles. Con un territorio que alberga a 11 distritos y las brechas sociales más profundas de la región, esa cifra es una miseria si se administra con timidez. ¿Qué nos ha faltado? Visión de estadista. El último alcalde provincial, Vladimir Chong, pasó por el sillón municipal sin pena ni gloria, dejando una gestión chata, gris y carente de ambición técnica, más preocupada por el cálculo político de su siguiente campaña regional que por transformar la provincia.

Y de la actual gestión interina, valgan verdades, los iquiteños ya no esperamos absolutamente nada en el poco tiempo que les queda. Si en Maynas tuviéramos un liderazgo político moderno, disruptivo y con conocimiento técnico de las herramientas que el MEF ofrece, estos 180 millones de soles anuales podrían duplicarse fácilmente mediante la estructuración de una cartera de proyectos priorizados para los 11 distritos. Imaginemos por un momento un fondo de Bonos Soberanos de 200 millones de soles gestionado con el soporte de nuestros diputados y senadores en el Congreso —quienes deben legislar para el desarrollo y no para sus propios intereses—.

Un paquete macro que financie en simultáneo agua potable para Fernando Lores, postas médicas equipadas en Las Amazonas, colegios técnicos en Indiana y conectividad en Punchana y Belén. Si Requena pudo, ¿por qué Maynas, la capital de Loreto, no? Otra diferencia de visiones está en el deporte. Hace pocas semanas, la Municipalidad de Requena, con recursos propios y mediante la licitación LP-SM-1-2025-CS/MDM-1, renovó por completo el campo del Estadio Municipal José Nouchi Portillo. Retiraron el viejo grass y colocaron un césped sintético moderno de alta densidad con tecnología Quality Pro, diseñado para el drenaje amazónico, además de techar sus tribunas principales.

Hoy, Requena es sede oficial y digna de la Etapa Departamental de la Copa Perú. Mientras tanto, en Iquitos presenciamos con vergüenza la parálisis del Estadio Max Augustín. Las autoridades pretendían entramparnos en un megaproyecto inflado de más de 66 millones de soles que, como era previsible, terminó cayéndose por su propio peso técnico. ¡Una total insensatez! Cuando cualquier técnico con sentido común sabe que con menos de 5 millones de soles se puede cambiar la cobertura del techado y renovar el grass artificial por uno con certificación FIFA.

Al no tener el Max Augustín expedito, nuestros equipos de la Liga 2, como Comerciantes FC y Estudiantil CNI, se ven obligados a buscar escenarios alternos, privando a la hinchada iquiteña de ver a sus clubes y golpeando la economía local que se mueve gracias a las taquillas y el comercio ambulatorio. Lo peor de todo es el costo social: hoy en día, miles de niños, adolescentes y jóvenes loretanos con un talento descomunal para el fútbol tienen que esforzarse el doble jugando en canchas de arena, bajo un sol abrasador de 37 grados, sin infraestructura básica que les permita explotar su potencial.

Los estamos empujando a las esquinas, al pandillaje y a la frustración, simplemente porque no hay un político con la capacidad de cambiar un foco o sembrar un grass decente. El llamado a una nueva era política no es pavimentar dos cuadras de una calle y tomarse una foto para el Facebook. Gobernar es transformar la matriz económica de tu sociedad. Lo que ha hecho Requena es un faro de luz en medio de la mediocridad gubernamental de nuestra región. Nos demuestra que el verdadero progreso no se mendiga; se diseña en los escritorios técnicos del MEF, se defiende con audacia y se ejecuta con las manos limpias.

Loreto no es una región pobre; es una región empobrecida por la falta de ideas y de carácter de sus gobernantes. Es hora de jubilar a la vieja política del lamento y abrir paso a una generación de estadistas modernos. Hombres y mujeres con visión de futuro que entiendan de finanzas públicas, que no le tengan miedo a los grandes retos y que sientan un respeto sagrado por el futuro de nuestros jóvenes. El ejemplo está sobre la mesa. El cambio es técnicamente posible, financieramente viable y moralmente urgente. Solo falta la voluntad política de dar el paso. ¿Nos atrevemos a transformar Maynas, o nos seguimos conformando con las sobras de la historia?