Chile jugo un partido impecable. Marcelo Bielsa, ex DT de Argentina, planteo un partido ofensivo, con marca y ataque. Perú no encontraba los espacios necesarios, salvo por el frente de la defensa chilena (la única entrada disponible). A los 3 o 4 minutos del primer tiempo Chile se ponía en ventaja en un monumental parcialmente lleno. La selección peruana jugo ayer con más vergüenza propia que esquema técnico. La pierna fuerte durante toda la noche, fue el arma que empleo Perú para frenar las arremetidas por la las bandas de Alexis Sánchez (de esplendida actuación). El penal propiciado por el “loco” Vargas a un jugador chileno marco el 2 a 0 a favor de los mapochos. Mirando el televisor al lado de mi padre, trataba de entender porque siempre nos pasa eso, porque no podemos jugar bien, porque los jugadores no actúan como en sus clubes cuando les toca jugar con la blanquiroja.
El nivel de juego mostrado por Perú ayer no era ni competitivo ni - mucho menos – peligroso. El gol de Perú calmo en algo la agonía de un pueblo que no sabe lo que es participar en un mundial desde 1982. En las tribunas se escuchaba el: “si se puede”, lema que se hizo famoso con Ternero y compañía en la sudamericana del 2005. El tercer gol, de los vecinos del sur, termino por apagar el grito de los hinchas peruanos. La casa se venia abajo. La explosión era inminente. Se sintió la expulsión del “loco” Vargas (por dos amarillas) en el campo de juego. Esperar 3 años para las nuevas eliminatorias (sin la garantía de que se pueda clasificar) es lo único que nos queda. Manuel Burga debes irte a tu casa. Yo creo que no solo los técnicos hacen los partidos, sino también, los once jugadores en el gramado. Es injusto echarle toda la culpa a Chemo (como oí en un periodista). Desafortunadamente, el técnico es el que da la cara en los encuentros y no los dirigentes mediocres enquistados en la FPF por años.
El miércoles jugamos en Brasil ante la selección de ese país que viene de empatar con Ecuador en Quito. Soy peruano con orgullo, amo a mi país, amo a mi gente, su comida; pero no puedo ocultar el enojo, la rabia, la amargura, la ira que me da saber que – otra vez – no iremos a un mundial. Que cuando tenga que alentar a algún equipo no sea Perú, sino Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil o cualquier otro que este peleando por un cupo (porque al final somos sudamericanos ¿o no?). Las esperanzas de Perú se diluyeron por el drenaje, se fueron por la alcantarilla. Aunque no los vi jugar, extraño a las viejas glorias de las que tanto habla la gente, a lo mejor con ellos la historia seria distinta. Hoy el país amaneció triste por la noticia, estamos fuera del mundial. Leo los diarios que hace unos días daban todo por ganado, y hoy, con la moral en la realidad, dicen que no se pudo y vuelven a tapar el sol con un dedo. Perú esta de último en la tabla (de 10 equipos) con apenas 7 puntos. Hoy, después de casi 3 años del último mundial, me doy cuenta que nuestra ubicación sigue igual, al fondo de la tabla, en la oscuridad, donde todo se desluce y se olvida.




La serie ha logrado cautivar a mucha gente en el mundo, no solo por el excelente acabado de sus motos, las diferencias entre el equipo constructor y la estética para su construcción, sino también por el “feeling” que el programa despierta cuando se trata de armar motos para ayudar a alguna organización, para donar dinero a los que más lo necesitan o para celebrar el patriotismo “yanqui” con alguna otra institución. 

César Hildebrandt empezó en el periodismo a la edad de 19 años escribiendo en
Entrevistas que recopilaría más tarde en su libro 

Yo estaba a centímetros del laureado hombre de prensa. Su rostro adusto y duro reflejaba molestia (estaba asado). Cuando paso por mi lado le escuché increpar a uno de los encargados del evento: “una cosa es una conferencia y otra un tumulto”. Sin más palabras que decir, Hildebrant salió por la puerta falsa (vamos a llamarla así) para abandonar el tumulto de gente. Se fue y no dijo adiós. No pude entrevistarlo (me la pase leyendo la entrevista que le hizo Pedro Salinas en su libro para tener con que “disparar” las preguntas y repreguntas). Se fue dejando atrás a las anfitrionas y a los periodistas mediocres de siempre (no todos claro). Se fue y ojala algún día vuelva para concederme la entrevista. Por ahora, tendré que seguir leyendo su blog y su columna. 




